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Cocina y equipamiento

Cartuchos de gas para camping: butano, propano y por qué fallan en frío

Actualizado septiembre 2026 · Lectura 6 min

Un hornillo de gas es un aparato tonto: casi todo lo que hace bien o mal depende del cartucho que lleva enroscado. Dos personas con el mismo hornillo pueden tener experiencias opuestas —una hierve el agua en tres minutos y la otra se queda mirando una llama azulada que no calienta— simplemente porque una eligió la mezcla adecuada para la temperatura de esa mañana y la otra no. Esto va del cartucho, no del hornillo.

Las tres conexiones que existen (y no se mezclan)

Antes de mirar el gas hay que mirar la boca. En España te vas a encontrar tres familias y no son intercambiables entre sí:

  • Cartucho de rosca. El estándar del senderismo. Lleva válvula propia, se enrosca y se desenrosca cuando quieras sin perder gas, y responde a la norma europea EN 417 con una rosca de 7/16" UNEF. Es el más universal: prácticamente cualquier hornillo compacto de montaña, de cualquier marca, acepta cualquier cartucho de rosca de cualquier otra.
  • Cartucho de válvula propietaria. Los sistemas tipo Campingaz CV usan una válvula con anclaje propio (los CV300 y CV470, con su sistema de enganche rápido). También se puede quitar a medias sin vaciarlo, pero solo encaja en aparatos de ese sistema.
  • Cartucho perforable. El clásico azul de toda la vida, tipo C206. El aparato le hace un agujero al montarlo, así que una vez puesto no se puede quitar hasta que se acaba. Es el más barato y el más fácil de encontrar en cualquier gasolinera o ferretería, y por eso sigue vivo, pero es el peor compañero si vas a la montaña: no puedes saber cuánto gas te queda ni cambiarlo a mitad.

Regla práctica: si la salida es de un día en un camping, cualquiera vale. Si vas a llevar el hornillo en la mochila varios días, cartucho de rosca, sin discusión.

Butano, propano e isobutano: por qué la mezcla importa tanto

Un cartucho no contiene gas: contiene líquido a presión que se evapora dentro. Y para que salga gas por la boca, ese líquido tiene que hervir a la temperatura que haya fuera. Ahí está todo el asunto:

  • Butano: hierve en torno a los −0,5 °C. Por encima de eso va perfecto; por debajo, deja de evaporar y el hornillo simplemente no da llama.
  • Isobutano: hierve alrededor de los −12 °C. Ese margen extra es justo lo que separa desayunar caliente de no desayunar en una mañana de heladas.
  • Propano: hierve cerca de los −42 °C, así que funciona en cualquier situación realista en España. El problema es que a temperatura ambiente genera mucha más presión, y por eso no se vende puro en cartuchos ligeros: se usa como parte de una mezcla.

Por eso casi todos los cartuchos son mezclas. Las de uso general suelen rondar el 80/20 de butano y propano, que va bien de primavera a otoño. Las etiquetadas como invierno o winter suben la proporción de propano y añaden isobutano, y son las que hay que llevar si vas a dormir por encima de cero grados justitos o directamente bajo cero. Mira la composición impresa en el propio cartucho: viene siempre, y es el único dato que de verdad predice cómo se va a comportar.

El efecto que despista a todo el mundo: un cartucho se enfría solo al usarlo, porque evaporar consume calor. Por eso una llama que arrancó fuerte va perdiendo fuerza a los diez minutos, y por eso el último tercio del cartucho siempre rinde peor que el primero. No está estropeado: está frío. Guardarlo dentro del saco por la noche y llevarlo pegado al cuerpo un rato antes de cocinar cambia el resultado más que cualquier otra cosa.

Cuánto gas llevar

Los tamaños habituales rondan los 100, 230 y 450 gramos de gas. Para calcular, en lugar de fiarte de una cifra de catálogo, mide una vez con tu propio equipo: pon a hervir medio litro en casa, cronométralo y anota. A partir de ahí ya sabes lo que gastas de verdad, con tu hornillo, tu olla y tu forma de cocinar.

Como orientación para no quedarte corto: cuenta más gas del que crees si vas a cocinar con viento (un cortavientos ahorra muchísimo), si vas a fundir nieve para tener agua (eso multiplica el consumo) o si vais a ser varios y cada comida son dos o tres hervidos seguidos. Y lleva siempre un cartucho pequeño de reserva en salidas de más de dos noches: pesa poco y es la diferencia entre cenar caliente o no.

Seguridad: lo que no se negocia

El gas quemando produce monóxido de carbono, que no huele, no se ve y en un espacio cerrado mata. De ahí salen las tres reglas que no admiten excepción:

  • Nunca cocines dentro de la tienda ni en el ábside cerrado. Ni «solo un momento», ni «con la puerta entreabierta». Fuera, o con ventilación cruzada real y a la vista.
  • Nunca dentro de la furgoneta con todo cerrado. En una camper, cocinar implica claraboya y ventana abiertas, siempre.
  • Cartucho a la sombra y en horizontal. No lo dejes al sol dentro del coche ni cerca del fuego: son recipientes a presión y el calor la sube.

Dos cosas más, menos dramáticas pero igual de reales: comprueba la junta de goma de la conexión antes de enroscar (una junta seca o partida provoca fugas) y nunca perfores ni tires un cartucho vacío a la basura común: se llevan al punto limpio.

Y una cosa que no se piensa: el gas no viaja en avión

Los cartuchos de gas no pueden llevarse ni en cabina ni facturados, ni llenos ni vacíos. Si vuelas a Canarias o al extranjero con el hornillo, el gas se compra al llegar, y conviene mirar antes qué sistema es fácil de encontrar allí, porque el de rosca se encuentra en casi todas partes y el de válvula propietaria no siempre.

En resumen

Elige primero la conexión que acepta tu aparato, después la mezcla según la temperatura mínima prevista, y en invierno no ahorres: paga el cartucho de invierno. Si aún estás decidiendo qué hornillo comprar —de gas, multicombustible o de alcohol—, empieza por la guía para elegir hornillo de camping, que compara los tres sistemas. Y si el frío es el problema de fondo de tus salidas, el gas es solo la mitad: la otra mitad la decide el aislamiento del suelo bajo el saco.