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Sacos de dormir

Los sacos de dormir no aíslan del suelo: por qué la esterilla decide si pasas frío

Actualizado septiembre 2026 · Lectura 5 min

Hay una escena que se repite cada primavera en los campings de montaña: alguien se gasta un buen dinero en un saco de dormir de temporada fría, duerme sobre una esterilla de espuma de tres euros y pasa la peor noche del año. No es que el saco fuera malo ni que la etiqueta mintiera. Es que los sacos de dormir, por diseño, no aíslan por debajo, y el frío del suelo se lleva el calor mucho más rápido que el aire.

Por qué el saco no puede aislarte del suelo

Un saco de dormir calienta atrapando aire quieto entre sus fibras o su plumón. Ese aire es el aislante, no el relleno en sí. En cuanto te tumbas encima, tu propio peso aplasta el relleno de la parte inferior hasta dejarlo en nada: sin volumen no hay aire atrapado, y sin aire atrapado no hay aislamiento. La mitad de abajo del saco, la que está en contacto con el suelo, deja de trabajar en cuanto te acuestas.

Además, el suelo roba calor por conducción, que es mucho más eficiente que el aire. Una noche de tienda sobre tierra húmeda o roca fría extrae calor corporal de forma constante durante horas, y lo hace por la superficie de contacto más grande que tienes: toda tu espalda. De ahí la sensación tan típica de tener el cuerpo caliente y, aun así, un frío que sube desde abajo y no se va.

La consecuencia práctica: las temperaturas de una etiqueta de saco de dormir se miden en laboratorio con un maniquí térmico apoyado sobre una superficie aislante normalizada. Si tu esterilla aísla menos que eso, el saco no va a rendir lo que promete su etiqueta, por bueno que sea.

El R-value: el número que hay que mirar

El aislamiento de una esterilla o colchoneta se mide con el R-value o valor R: cuanto más alto, más resistencia al paso del calor y mejor te aísla del suelo. Desde hace unos años existe un método de ensayo normalizado para medirlo, la ASTM F3340, y eso es lo importante para el comprador: los valores R medidos con esa norma son comparables entre marcas, cosa que antes no ocurría porque cada fabricante media a su manera.

Como referencia orientativa, la clasificación que usan habitualmente los fabricantes reparte los valores así:

  • Hasta 2: uso de verano, noches templadas.
  • Entre 2 y 3: dos o tres estaciones, el rango que cubre bien primavera y otoño en la mayor parte de España.
  • Entre 3 y 4: cuatro estaciones, incluida buena parte del invierno de interior y media montaña.
  • 4,5 o más: invierno serio, alta montaña y nieve.

Los valores R son acumulables: si apilas dos esterillas, el aislamiento total se aproxima a la suma de las dos. Es el truco clásico para estirar el material que ya tienes, poniendo una esterilla de espuma barata debajo de una hinchable, en vez de comprar una nueva.

Espuma, autohinchable o hinchable

Las tres familias que te vas a encontrar tienen lógicas distintas, y ninguna gana en todo:

  • Espuma cerrada: la de toda la vida, plegable o enrollable. Aísla de forma modesta pero muy fiable, no se pincha nunca y es la más barata. A cambio, abulta bastante y se lleva atada por fuera de la mochila.
  • Autohinchable: espuma abierta dentro de una funda estanca que se hincha sola al abrir la válvula. Buen equilibrio entre comodidad, aislamiento y precio; pesa más que una hinchable pura y ocupa más plegada.
  • Hinchable: cámaras de aire, a menudo con capas reflectantes o relleno aislante dentro. Son las que dan más grosor, más comodidad y los R-value más altos por menos peso y volumen, pero son las más caras y las únicas que pueden dejarte tirado con un pinchazo. Si eliges esta, lleva siempre el parche.

Qué combinación llevar según cuándo acampas

El planteamiento correcto no es "qué saco compro" sino "qué sistema monto": saco, esterilla y ropa de dormir trabajan juntos. Para acampada de verano en costa o interior cálido, casi cualquier esterilla sirve y el saco puede ser ligero. Para primavera y otoño, que es cuando más gente pasa frío por no contar con el suelo, conviene no bajar de un valor R en torno a 2-3 aunque el saco sea bueno. Y para invierno o alta montaña, la esterilla es tan decisiva como el saco: ahí es donde tiene sentido invertir en un valor R alto o directamente en la combinación de dos esterillas.

Detalles que también restan calor

  • El tamaño: una esterilla corta deja los pies fuera y por ahí se pierde calor toda la noche. Si usas una de tres cuartos por peso, pon la mochila vacía bajo las piernas.
  • El sitio donde plantas: hierba seca aísla mejor que la roca o la tierra compactada, y una hondonada acumula aire frío. Retirar las piedras del suelo antes de montar mejora la noche más de lo que parece.
  • La humedad: un suelo mojado conduce el calor mucho mejor que uno seco. Si el terreno está húmedo, una lona o el propio suelo de la tienda de campaña en buen estado marcan diferencia.
  • Guardarla apretada: las autohinchables se almacenan desenrolladas y con la válvula abierta, no comprimidas en su funda meses enteros, o la espuma pierde capacidad de recuperar volumen.

Dicho de otra forma: antes de subir de gama en el saco, comprueba qué hay debajo. En la mayoría de las noches malas de acampada en España el fallo no está en el saco de dormir sino en el aislamiento del suelo, y arreglarlo suele costar bastante menos que cambiar de saco. Cuando ya tengas resuelta la esterilla, entonces sí tiene sentido afinar las temperaturas de confort y límite de la etiqueta, que es lo que decide el resto de la ecuación.